DEPARTAMENTO DE LENGUA – IES PEDRO DE LUNA

Aula interactiva

KOMANDO POÉTICO LUNA 2011-2012 1º ESO E

Posted by Departamento de Lengua Ies Pedro de Luna en enero 9, 2012

Volverán las oscuras golondrinas

en tu balcón sus nidos a colgar

y los peces por aguas cristalinas en el mar nadarán y nadarán.

Pobres animales,

¡qué aburridas son sus vidas!

holgazaneando y durmiendo

hasta el fin de sus días.

Variación sobre la “Rima LIII”, de Gustavo Adolfo Bécquer.

¡Ay qué trabajo me cuesta

quererte como te quiero!

Contesta ella: prefiero

de ti separarme

para viajar por el universo.

¡Pero Luna!, digo.

¿Qué pasa, Tierra?, pregunta.

Si te vas, los que pisen mi faz

no verán tu plateado rostro.

Variación sobre el poema “Es verdad”,

de F. García Lorca.

Volverán las oscuras golondrinas

y también unas lindas pajaritas volverán, volverán a la piscina.

Éstas volverán.

Pero habrá otras golondrinas

que sólo verán

las lágrimas del cielo.

Variación sobre la “Rima LIII”, de Gustavo Adolfo Bécquer.

 

Que por fallo era, por fallo,

cuando hace la calor,

cuando los trigos engañan

y están los campos en plof,

sino yo, triste, cuitado,

que cuando acabe este poema

te daré un abrazo, nena.

Variación sobre el “Romance del prisionero”.

Que por mayo era, por mayo,

cuando hace la calor,

me como la coliflor

mi amada coliflor.

Sigue la calabaza,

en Halloween adornada

con su nariz y su boca.

Y el pepino,

exprimido en un zumito

o en una esquina deprimido

¡pobre pepinillo!

Variación sobre el “Romance del prisionero”.

¡Ay qué trabajo me cuesta

quererte como te quiero!

Por tu alma de oro

y tu corazón de hierro.

Por mi alma blanca

y mi corazón desolado.

Con esta tristeza

que tengo…

¡Ay qué trabajo me cuesta

quererte como te quiero!

Variación sobre el poema “Es verdad”, de F. García Lorca.

Sin el amor nada existía.

Volver a amar era querer volver a verte.

Volver a pensar

en todo aquello

que nos separa.

Volver a seguir,

seguir adelante.

Variación sobre el poema “Segundo amor”, de José Hierro.

La vida tiene pétalos

y un rosal donde tiemblan las historias.

La historia de ese pájaro

que estaba enjaulado

y cantaba para dos enamorados.

La historia de esa alma

que cubría cementerios

y otras almas en vela.

La historia de esos ojos,

los que impiden mi vista,

los que me ponen nervioso.

Variación sobre el poema “Canción deshojada”,

de Luis García Montero.

En el principio era el amor.

Sin el amor nada existía.

El alma que una vez amó

nunca jamás se apagaría.

Volver a amar era intentar

tomar el punto de partida,

apresar humo, tocar cielos,

poseer la luz infinita.

Variación sobre el poema “Segundo amor”,

de José Hierro.

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KOMANDO POÉTICO LUNA 2011-2012, 1º ESO C-D

Posted by Departamento de Lengua Ies Pedro de Luna en enero 9, 2012

Ya ves qué tontería,

me gusta escribir tu nombre:

escribirlo sin cesar

en la pared del Pilar,

escribirlo en los parques

al lado del mar,

escribirlo en los cuadernos de los demás.

Ya ves qué tontería,

me gusta escribir tu nombre:

Variación sobre el poema “Ya ves qué tontería”,

de Gloria Fuertes.

La vida tiene pétalos

y un rosal donde tiemblan las historias.

Donde cuelgan los libros

de la memoria;

donde mi memoria tiembla

como el agua.

¡Ay, qué pena de memoria,

que no está enamorada!

Variación sobre el poema “Canción deshojada”,

de Luis García Montero.

La vida tiene pétalos

y un rosal donde tiemblan las historias.

Son la huella redonda

del vacío.

Ojalá no lo hubiera sabido.

Variación sobre el poema “Canción deshojada”,

de Luis García Montero.

Que por mayo era, por mayo,

cuando hace la calor,

cuando pronuncio tu nombre,

¡qué bello tu nombre!

Cada vez que lo digo

dejo un beso en el olvido.

Cada vez que lo digo, amor,

ya no hay solución.

Variación sobre el “Romance del prisionero”.

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To be continued

Posted by mjmv en noviembre 29, 2011

A continuación tienes el arranque de “Algo rojo”, un relato de Paola Capriolo. ¿De qué puede ir, con ese título y ese comienzo? Anímate a reescribirlo…

En una región boscosa, alejada de los caminos más transitados, se alzaba en una época un gran edificio sin ventanas pintado de un color grisáceo que a veces tendía al verde y a veces al azul; sólo una estrecha puerta interrumpía tímidamente la absoluta uniformidad de la fachada con sus contraventanas grises, también estas casi siempre cerradas. A pesar de las apariencias el edificio no era una prisión, sino la vivienda de un grupo de hombres de todas las edades y capas sociales que habían elegido vivir juntos según reglas rígidamente establecidas. Viejos y jóvenes, pobres y ricos, estaban unidos por una profunda repugnancia hacia todo aquello que en la vida humana es casual y efímero, y hacia su mismo ser, casual y efímero a su vez. Por eso, al entrar en aquella comunidad, cada uno se había despojado de su propio nombre, y si se llamaba Mengano o Zutano los compañeros se dirigían a él como “No Mengano” o “No Zutano”, o si era rubio se le llamaba “Moreno”, si era flaco “Gordo”, de forma que eran a la vez una cosa y su contrario, lo que, según el unánime juicio de los cofrades, representaba un indiscutible progreso en el camino de la perfección.

Entre estos hombres había uno tan joven que lo habían rebautizado “Canoso”; se encontraba allí hacía tiempo, pero nadie habría sabido decir cuánto, ya que en la comunidad estaba severamente prohibido llevar la cuenta de los meses y los años o dedicar de cualquier otra manera la atención a una entidad tan absurda, ultrajante y, bien mirado, inexistente como era el tiempo. Sólo la variación de la luz que bajaba desde una claraboya del techo del edificio para iluminar débilmente los cuartos sin ventanas, marcaba las lentas jornadas de Canoso, y poco a poco acostumbró sus ojos a no distinguir ese indefinido resplandor del que difundían las antorchas en las horas nocturnas. De la misma manera, se acostumbró a no prestar atención al sabor de las comidas, a no preferir a ninguno de los cofrades, a no fijar nunca el pensamiento en ningún detalle para poder abarcar la totalidad carente de forma en la cual, según las enseñanzas de los más ancianos, todos los detalles deberían fundirse y anularse. A esta totalidad, a esta nada tendía con creciente fervor su deseo, y en nombre de éste el joven consideraba su persona con fastidio o a lo sumo la soportaba, le parecía que vivía él mismo como en una cárcel que al segregarlo lo mantenía forzosamente separado de esa única, verdadera realidad.

Este sentimiento lo dominaba con tal fuerza que le hacía acoger sin alegría y sin temor la noticia de que en adelante, al haber superado el período inicial de completa reclusión, también él debería salir alguna vez de su retiro: en efecto, era costumbre que después de cada plenilunio tres de los cofrades fueran, por turno, a la ciudad más cercana, o mejor a la menos lejana, para recoger las limosnas que daban ricos benefactores.

En la víspera del día establecido para su primera salida, Niño, el decano de la comunidad, llamó a Canoso a su cuarto.

-¿Estás seguro de que no es demasiado pronto? -le preguntó-. Si no estás preparado puedes negarte.

-¿Por qué no iba a estar preparado? Créeme, la idea de volver a ver el mundo no me produce la más mínima emoción.

-Pero piensa que deberás entrar en palacios suntuosos, visitar a personas cuya vida parece a muchos bastante envidiable.

-No a mí.

-Y la ciudad misma, tan hermosa que maravilla a cualquiera que ponga un pie en ella, y las mujeres que encontrarás por la calle…

-Nada de todo eso podrá perturbarme.

-Si es así, iremos juntos mañana por la mañana no tú, no yo y nuestro hermano Locuaz.

Al día siguiente, al despuntar el alba, se pusieron los tres en camino.

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Voces que se abren paso entre la niebla

Posted by mjmv en noviembre 29, 2011

Algunos de los textos más interesantes sobre el cuento de Bradbury (que debería estar aquí) han sido estos dos, uno de Yasmina:

Una tarde de noviembre, concretamente el 15, maravillosa para algunas personas, angustiosa para otras, quizá indiferente para los más afortunados. Un día en el que un empresario cerraría su empresa, a un niño se le caería su primer diente, dos enamorados adolescentes tendrían su primera relación o una frustrada ama de casa comenzaría sus clases de cha-cha-cha, Johnny de 28 años y McDunn de 64, preparaban la marcha del viejo faro, en la costa Oswell.

-Es una vida solitaria. ¿Cómo puede, McDunn, llevar a cabo todos los días la misma tarea? Aburrida, monótona, día y noche haciendo lo mismo, sin contacto con nadie…

Estas palabras aflojaron el rostro del farero, quien acababa de desengrasar unos aparatosos instrumentos con un paño desgastado, el cual no hacía sino manchar y seguir manchando, para ser sacudido y vuelto a usar. La luna ya había comenzado desde minutos atrás a ascender y era noche de luna llena, tan llena que se podía dar nombre a cada montaña que dibujaba el relieve de la luna, tan llena que cualquiera que reparara en su imagen se maravillaría con la perfecta forma circular que perfilaba aquella vislumbración grisácea y plateada.

De repente el semblante amable y cariñoso de McDunn se torció, se endureció. Es curiosa la anatomía humana y, cómo treinta y tres músculos faciales en milésimas de segundo pueden adoptar una expresión contraria…

-¡¿Y desde cuándo una persona como usted, un niñato vestido de humano, sabe lo que es felicidad, el sentimiento de bienestar…?! El señor McDunn estaba harto, harto de, después de haber vivido una tormentosa vida en una gran ciudad y haberse repetido una y otra vez lo que debía hacer, apartarse, apartarse de esa vida mundana, hipócrita, después de aquel accidente que acabó con su hijo y su esposa… No, no estaba decidido a que aquel mocoso se mofara de su decisión.

-Pe…perdone, no era mi intención ofenderle –se disculpó Johnny-. En ese momento el joven creyó ver la real faceta del anciano, que había alcanzado la locura fruto de tantos años encerrado en aquel faro.

-¡Shh…! Escucha… contempla… ni el más bello de los sueños puede hacer justicia a este panorama. El mar, siempre manteniendo ese suave oleaje, como una brisa susurrada  que balancea los largos hilos de seda de una inocente muchacha…empapado de esa frescura marina, que del perfume de la libertad se trata, ¿lo sientes? Y cómo es, que no te das cuenta de que esta visión es pura representación. Nosotros, ¡nosotros! pequeños animales no racionales, pues tanto nos vanagloriamos de ello, sino irracionales, llegamos al mundo, sin saber por qué, como premio o castigo. Surgimos en la frontera que se extiende ante tus ojos, que une cielo y mar, conocimiento e incertidumbre. Y oh, maldita sea, que ni la cresta más alta alcanzará nunca la verdad que esconde el cielo. Y así te puedo asegurar que discurre nuestra vida, en idas y venidas de continuas tentativas…

En este punto los impulsos de Johnny no iban más lejos que contemplar con ansia su reloj de pulsera, sabiendo que esa misma noche iría a tierra, bailaría con las muchachas y tomaría ginebra.

McDunn dirigió su mirada, inquietante, castigada, desorbitada, hacia el cielo de una apacible noche oscura, salpicada por constelaciones y constelaciones, y añadió en un tono entrecortado y muy pausado:

-Y mientras, ese cuerpo cambiante, cada noche se alza como un ojo burlón para iluminar la inmensidad del mar de nuestro sin sentido mundo, atenta y observadora pero siempre ajena, provocando que otros como yo nos alcemos en nuestra torre para reírnos de la ceguera que impera en cada rincón de la Tierra…

El joven, aguantando apenas un segundo una mirada al farero, compadecía su soledad y se dispuso a volver a tierra. El otro, sin siquiera cruzarle la mirada, seguía absuelto en sus pensamientos y, como todas las semanas, puso en funcionamiento el faro de Oswell; era una noche normal.

y otro de Violeta:

Pasaban los días. Cada vez más largos, cada vez más pesados. En realidad no distinguía el tiempo allí abajo, me guiaba según cuando comía, o según cuando dormía, para mí no había diferencia entre las horas o los minutos, las semanas o los días… Ni siquiera sabía los años que llevaba vividos, ni los que me quedaban. Allí no había nada. Ni nada ni nadie. Estaba solo en un océano inmenso, lleno de criaturas, pero solo igualmente. Me escondía en el abismo más profundo, con la más negra de las oscuridades guardando mi escondite. Hacía tiempo que eso no era un problema para mí porque mis ojos ya se habían acostumbrado a ver sin luz, pero no había nada que ver. Rocas, arena, seres nadando impasibles alrededor. Era incapaz de comunicarme con ellos, no había nadie como yo desde hacía demasiado tiempo, pero lo peor, era saber que nunca más lo habría. A mí sólo me quedaba extinguirme, sin dejar huella. Como si nunca hubiese existido, como si hubiese sido un sueño, un espejismo de mis testigos que no entendían nada, no se cuestionaban nada, ¿habría seres capaces de comprenderme? ¿Alguien más ahí fuera?
De repente, lo oí.
Aquel sonido me estaba llamando. Me empujaba a ir en su busca. Pero ya había caído otras veces. Me había desplazado hasta verlo, tenerlo cara a cara. Un ser frío, inmóvil. Sus ojos se reflejaban en los míos, pero su llamada era siempre idéntica. El sol llegó, cegando mis ojos nocturnos y decidí regresar.
Esta vez sería distinto. Estaba harto de esperar, harto de desear algo mejor, harto de su incesante sonido. Quería pararlo.
Hice el camino, una vez más. Fui a su encuentro. Era lo que quería ¿no? Me llamaba en la noche para que acudiese. Pero yo le detestaba, porque me llamaba, y nunca me decía nada, nunca se movía. Sólo se reía de mí.
Al fin lo tuve en frente. Estaba idénticamente colocado. El sonido también era idéntico. Mi odio aumentó. Entonces me miró entre la niebla. Con sus ojos, rojos, azules, qué extraño ser. Pero no importaba, era su fin.
Mientras me acercaba podía notar como el sonido se hacía más nítido y más intenso, también sus ojos, que se tornaban cegadores como la luz del sol, y pensé que no debía sentirme culpable, que debía destruirlo. Produjo su último alarido y me abalancé, dirigí mis garras a su cabeza, tan frágil… Quebró en mil pedazos al primer contacto. Qué fácil. Y con un golpe certero derrumbé su cuerpo esbelto, y me coloqué sobre él para asegurarme de su destrucción.
Todo lo que quedó fue silencio. Silencio y el fantasma de su existencia, su esqueleto derruido.
La soledad se apoderó de mí de nuevo.
Lo que yo creía que me aliviaría me dejó aún más vacío. ¿Qué podía hacer ahora? Había destruido mi última oportunidad. Volvería a esa oscura profundidad, donde nadie era capaz de entender mi existencia, porque no entendían ni la suya propia. Volvería a ver rocas, y arena, volvería a guiarme en el tiempo por mis rutinas, desaparecería su llamada, y me quedaría solo, solo hasta el fin.
Pero debía asumir mi cruel destino, mi único destino posible. Y volví al mar. Y volví a la inmensa crueldad de una vida sin meta. Condenado a la soledad, hasta que mi vida terminase, de un modo o de otro.
Pasó el tiempo, tan lento como siempre, que cada vez se volvía más eterno. Y una de tantas oscuras y solitarias noches, oí una voz. Era una voz tan familiar… Familiar pero inerte, como aquella voz, aquel sonido atrayente que destruí. Otra vez me llamaba. Otra vez, para reírse de mi soledad. Entonces él, no estaba solo. Entonces tenía razón.
Me fui al fondo del abismo, e intenté no escucharlo. No escucharlo nunca más.

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SEGUNDO PREMIO CAT.II

Posted by Departamento de Lengua Ies Pedro de Luna en mayo 27, 2011

RUTINAS MATUTINAS

(Segundo Premio categoría II)

Elena Lozano 1º de Bachillerato

Hoy, y como cada lunes, martes, miércoles, jueves y viernes, salgo de casa a la misma hora, recorro las mismas calles y me encuentro con las mismas personas, tanto conocidas como desconocidas, siguiendo su rutina personal. La “rutina matutina” que digo yo. El problema es que no debería decir que con desconocidos ya que las veo tanto como a cualquier conocido mío, o más, pero en verdad no sé nada de ellos.

El caso que más me llama la atención es el de dos chicas más o menos de mi edad que se cruzan conmigo de frente, en la misma acera. Cuando nos encontramos nos miramos un instante inmensamente corto pero lo suficientemente largo para dar a entender que yo sé quienes son y que ellas saben quién soy yo, para indicarme que saben que yo soy esa chica con la que se cruzan cada mañana. Probablemente, este sea el momento más tenso del día.

Cada mañana me planteo saludarlas con un “hola” chiquitín como diciéndoles “quiero romper el hielo, pero necesito ayuda”. Pero nunca lo hago. ¡Me da miedo que piensen “que tía más rara, por favor, ¿pero de qué va? Si no la conocemos de nada…” ¡Mentira! Me veis cada mañana y podríais hasta adivinar a qué instituto voy, ¡por favor! El caso es que no sé cómo reaccionarían y me preocupa porque sé que al día siguiente las voy a volver a ver, no puedo decir eso de “total, no me van a volver a ver el pelo y ni saben quién soy ni nada de mí…”. Por todo esto no pasa de ser un planteamiento.

Otro día, otra mañana, otra situación tensa. ¡Aaaaarg! ¡Estoy harta! ¿Sabes qué? Mañana las saludo, que a lo mejor son chicas majas y me responden al saludo y luego resulta que tenemos alguna amistad en común o algo y nos llevamos bien y nos hacemos amigas, o a lo mejor saben algo más de mí que yo de ellas y están en el mismo dilema que yo. O a lo mejor no. ¿Y si soy su objeto de risa cada mañana? Entonces que se fastidien. ¡Ja! No saben lo que se pierden.

Un día menos, un momento tenso menos. Solo queda un mes para el final de curso y ya no tendré que pasar más momentos tensos, ¡bien! Me emociono solo con pensarlo. Aunque la verdad, el momento de tensión ha pasado a ser un momento de evaluación. Algún día solo iba una de ellas, por motivos que por supuesto desconozco. La morena se tiñó de rubia y la rubia de morena, aunque no el mismo día, quizá un mes después o algo así. La que ahora es morena se cortó el pelo y yo creo que le queda mejor así, que lleva la cara más despejada.

Apenas unos días para el final de curso. Podría esperarme hasta el último y saludarlas, “total, no me van a volver a ver el pelo”, quizá el año que viene ya no coincidamos. Si me miran mal, pues ya está, solo será ese día, pero si me devuelven el saludo, puede que al final seamos amigas.

Último día, la luz madrugadora nos da en la cara dejando vernos los rostros. Estamos a unos escasos pasos. Esta es mi última oportunidad. Venga ánimo, si solo es un saludo, ¿para qué tantas vueltas? Ya casi. Ahora me mirarán ese instante inmensamente corto, me tiene que dar tiempo a saludarlas. Y… ¡Ahora! ¡Palabras salid de mi boca! ¡No! ¡Estamos perdiendo la última oportunidad! Tarde…han pasado de largo. ¿Por qué? Soy especialista en perder oportunidades, soy incapaz de romper el hielo ni de dar el primer paso para cualquier cosa. Es muy triste. Necesito un guía para todo lo que quiero hacer. Pierdeoportunidades, pierdeoportunidades, pierdeoportunidades. Voy a tener que aprender a convivir con este no-don que alguien muy inútil me ha dado. ¿En qué día se te ocurrió elegirme a mí para atribuírmelo? Cómo te odio inútil, no sabes cuanto.

Epílogo

Se está acabando el verano y una amiga íntima me ha invitado a salir por ahí de fiesta. Me ha dicho que habrá mucha gente y que de seguro me lo pasaré bien. La verdad es que me apetece mucho y así veo a mis amigas que llevo todo el verano desaparecida y sin saber nada de ninguna.

El local de fiesta es una discoteca que es especialmente oscura y me cuesta mucho reconocer a la gente. Salgo fuera con mi amiga para tomar un poco el aire y disfrutar de la brisilla nocturna, dentro hace demasiado calor. Me apoyo en la pared y cierro los ojos, sensación de tranquilidad. Mi amiga saluda a alguien a unos metros y decido echar un vistazo curioso para ver de quién se trata. Son dos chicas y aunque vayan arregladas son fácilmente reconocibles. ¡Sí, son ellas, las chicas de las mañanas, las del momento tenso! Es increíble. Me acerco tímidamente a mi amiga como haciendo que curioseo. Me miran. Tengo que decir algo. ¡Ya sé! Aquello que no les dije el último día de clase.

–         Hola.

Me miran sorprendidas. ¡Me han reconocido! ¡Ya no seré nunca más una pierde oportunidades! ¡Adiós no-don!

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PRIMER PREMIO CATEGORÍA II

Posted by Departamento de Lengua Ies Pedro de Luna en mayo 20, 2011

Hombre prisionero

( PRIMER PREMIO DE  RELATOS DEL  CONCURSO LITERARIO 2011)

Álvaro Abad 1º de Bachillerato B

La oscuridad le dio a entender que no estaba en ningún sitio en el que hubiera estado antes, no había ningún indicio que le ayudara a corroborar semejante idea, pero la intuición le decía que todo lo que estaba a su alrededor era desconocido.  Hizo un esfuerzo por intentar ver cualquier esbozo de algún objeto inerte o ser vivo pero desestimó en seguida, era imposible. Los nervios empezaron a martillearle el cuerpo, sentía por todo su ser una tensión inaudita para él hasta entonces, y esta tensión le bloqueaba por completo dejándole incapaz de pensar cualquier cosa relacionada con su situación.

No recordaba nada que pudiera ayudarle, no recordaba cuál era el último día que había estado en su mundo y no recordaba el último día que había sido la persona que el recordaba. Apenas recordaba lo esencial: su nombre, su familia, sus amigos, su trabajo, donde vivía… pero no recordaba absolutamente nada de sus últimos momentos antes de ir parar a donde estaba ahora. Inspeccionó por todo su cuerpo también, y no tenía nada que podría ayudarle.

No aguantó  mucho rato revolviendo sus pensamientos y decidió dejar la mente en blanco para saber que hacer, y estaba claro que lo primero que tenía que hacer era averiguar qué era el sitio donde estaba así que se puso de pie, a la vez que se dio cuenta de que había estado sentado hasta entonces, y totalmente a tientas; extendiendo los brazos a modo de defensa para choques no pretendidos, comenzó a andar hasta que se dio de bruces  con lo que parecía una pared.

Era una pared.

Su mente se relajó de repente, simplemente por el hecho de saber que no estaba en medio de la nada ya que por lo menos había una pared. No obstante, siguió caminando; pero esta vez deslizando su mano por el tabique hasta que la pared se convirtió en una especie de dobladillo hecho con cuidado: era una esquina. La esquina, obviamente daba continuidad a otra pared de la misma textura que la anterior. Sus ojos ahora convertidos en manos que palpaban cuidadosamente la pared enseguida chocaron contra otra arista interior de la estancia.

 Se detuvo un instante, por lo menos había tres paredes ya que según como había dado sus pasos cabía la posibilidad de que estuviera en un recinto triangular, sin embargo cabía la probabilidad de que hubiera más paredes. Continuo deslizando su extremidad por el dique contiguo y volvió a encontrar otra esquina. Repitió este proceso varias veces, y lógicamente las paredes no terminaba nunca. Estaba dando vueltas estúpidamente. Decidió quitarse la chaqueta que le cubría de cintura para arriba desde que había despertado para dejarla en una esquina y así comprobar cuantas paredes había. La vuelta a la estancia terminó rápido, había cuatro paredes. Se permitió reírse de sí mismo por la cantidad de vueltas que había realizado de forma inconsciente.

Ahora tocaba saber cuál era el verdadero tamaño del espacio donde estaba. Fue fácil, simplemente contó los pasos que había entre las paredes paralelas: seis paso entre dos paredes y siete pasos entre las otras dos paredes. La estancia era relativamente pequeña.

Un minuto después fue cuando el mundo se le vino completamente abajo, con la cantidad de veces que había dado vueltas tocando las paredes y en ninguna de ellas había descubierto una puerta o una simple ventana… estaba completamente atrapado, emparedado por cuatro muros que no sabía ni siquiera su color por la frustrante oscuridad, una oscuridad que era opaca, ni rastro de luz, ni siquiera una mínima cantidad. Nada.

Su cerebro empezaba a colapsarse buscando solución a su posible muerte, si estaba emparedado sin ninguna salida, el hambre, la sed y sobre todo la deficiente cantidad de oxígeno harían mella en él en seguida.

No había solución. El pesimismo se estaba apoderando de él y sabía que no había remedio. En ocasiones el pesimismo es un refugio de cobardes, otras veces es el refugio de todo el mundo. Piensas continuamente en negativo teniendo la esperanza de que no pase lo que temes y así sea mucho más satisfactoria la solución que en realidad querrías.

Esta era una de esas ocasiones, pero la seguridad de que todo era metafóricamente y literalmente oscuro, era casi total.

Se derrumbó en una de las cuatro esquinas, y dejó que le invadiera cualquier sensación que estuviera dispuesto a ayudarle. El sueño fue la sensación ganadora y disfrutó con lo poco que su encierro permanente le dejaba.

La luz cegadora contrastaba con la oscuridad latente que él podía llegar a recordar. Era una luz cegadora pero llena de armonía que se deslizaba por todo su cuerpo dejándole en un estado de embriaguez sorprendentemente placentero. Se dejó llevar unos instantes por esa luz acogedora que le hacía relajarse y disfrutó al máximo de aquel pequeño momento sin pensar nada.

Después de sentirse por primera vez bien desde que era consciente de su estado de prisionero emparedado, empezó a abrir los ojos de forma permanente, intentando acostumbrarlos a semejante haz de luz. Después de haber estado durante… ¿unas horas?, ¿un día?, ¿quizá un mes? o ¿incluso un año?… estaba perdiendo el control del tiempo, no lo sabía, lo ignoraba por completo, pero lo que sí sabía es que el tiempo en la oscuridad le había afectado en los ojos y ahora le costaba abrirlos durante sólo diez segundos. El destello, poco a poco, fue bajando de intensidad para la vista de él hasta llegar a un punto que ya podía ver todo con total normalidad.

Por fin podía ver la estancia completa: en efecto había cuatro paredes con sus cuatro esquinas, de un blanco muy puro, ninguna mancha, de hecho, todo era blanco; techo y suelo también lo eran y quizás por ser todo blanco; no consiguió distinguir de donde provenía la luz. Otro misterio a añadir a la habitación.

No obstante, aquello no era lo primero que vio, su atención se desvió hacia otro lado: no estaba sólo, y lo que le acompañaba no dejaba de asombrarle y de asustarle a su vez. Era una maravilla de locos, un ser imposible se agazapaba sobre la esquina intentando dormir, o eso es lo que parecía:

-¿Hola?- sonó su voz ronca de repente intentando mantener un contacto con el ser.

El ser levantó la cabeza, y fue en aquel momento que tuvo claro que la locura había llamado de lleno a su cabeza. Lo que miraba a sus ojos directamente era imposible: era un conejo, pero no pequeño y menudo como los que había visto hasta entonces, este era más grande, con forma humana.

El conejo giró la cabeza observándolo, después, se levantó y le dejo a él absorto: el conejo se estaba levantando sobre sus dos patas traseras y se estaba sosteniendo erguido de pie, como una persona normal. Siguió completando su descripción para hacerse una idea de tal locura: el conejo, poseía unas orejas de tamaño desmesurado, como era su cuerpo, sobre su nariz redondeada salían unos bigotes que parecían afilados como agujas; aunque le daba un aire juguetón e inofensivo, sus pies y sus manos eran diferentes entre sí, además eran muy peludas dándole un aspecto pomposo.  Para aumentar la demencia de la figura del conejo, este iba vestido por unos pantalones rojos que se sostenían por unos tirantes azules:

-Estoy loco- sentenció hacia sí mismo.

-Créeme, no lo estás- una voz aguda, que podría ser insoportable, salió de la boca del conejo.

Impresionantemente, se fió del conejo, sonaba ridículo.

Era ridículo.

Se estaba creyendo las palabras de un conejo gigante con forma humana y vestido peor que un payaso.

-¿Quién o qué eres?- preguntó consciente de que podía ser peligroso semejante temeridad.

Sin embargo, el conejo respondió con parsimonia.

-¿Acaso importa?¿No crees que importa otras cosas antes que saber qué soy?- y resaltó el “qué” con un deje irónico.

No tenía opción en realidad, el conejo gigante sabía bastante por las simples palabras que le había dedicado.

-¿Y qué es lo que importa?- volvió a preguntar él a pesar de saber lo que le importaba.

-No me gusta perder tiempo.

Fue lapidaria la frase, el silencio cayó como una losa.

El conejo se alejó, pero no se distanció sin más, a la vez que se drigía a una esquina para sentarse iba cantando una canción, la creyó reconocer, pero no sabía cuál era a la perfección. El conejo se sentó de nuevo y siguió cantando la canción que a él le sonaba lejana. Llegó un momento en que el animal dejó de cantar y se puso directamente a silbar. Si salía de la habitación sabía que iría directamente a un psicólogo para que lo encerraran junto a otros dementes.

El caso es que la canción le sonaba mucho, y no sabía exactamente cual era, dejó de pensar en salir y de forma asombrosa, se centró en la canción para poder averiguar cuál era. Al rato, el hecho de que poco a poco sus labios se arquearon y se pusieran a silbar con el conejo, le pareció maravilloso. Conocía esa canción… vaya si la conocía:  mama ooo, just killed a man, put a gun against his head… Y realmente le sonaba reciente, “Bohemian Rhapsody”, Queen…

Pero, ¿y cómo es que el conejo cantaba esa canción? Y lo más importante: ¿por qué demonios le resultaba tan vagamente cercana?

Los ojos de color azul oscuro del conejo le miraron fijamente:

-Bonita canción ¿verdad?

-¿Qué significa realmente? ¿Qué es lo que me quieres decir?

-No hace falta que te diga nada. Tú lo descubrirás.

Y dicho eso el conejo volvió a enderezarse y se acercó a él, esta vez se acomodó a su lado y se dirigió directamente a los ojos de él, no a su persona completa, solamente hablaba a los ojos. La mano peluda del conejo se introdujo en el bolsillo de sus pantalones sostenidos por los tirantes y sacó una pequeña pelota de béisbol.

-Es lo único que puedo darte, no puedo ayudarte más.

Él cogió la pelota y por vez primera se distrajo jugando entre esas cuatro paredes que ahora resultaban sobrias, vacías, inmunes y tristes muy tristes. Estaba sentado apoyándose en una de las cuatro que había escogido por simple azar.

Cogió la pelota y la golpeó al suelo para hacerla rebotar y que volviera a él; tres botes, ni uno más, a veces sólo dos, pero nunca más de tres, no le hacía falta, con tres bastaba. Sin embargo, al final se cansaba, no de las paredes, ni de la situación, ni de llevar horas sentado; quizás días; quizás años; no lo sabía con claridad… de lo que de verdad se cansaba era de la pelota y de sus tres botes ,quizás dos; se cansaba del juego que a cada golpe en la pared se hacía más estúpido y banal, llegando al simple ridículo que con el paso del tiempo era tan triste como las paredes que en un principio se lo parecían. Ahora ya sabía que era su condena, iba a tener que golpear la pelota en la pared siempre, con sus tres botes, quizás solamente dos, pero no habría mas variación que esa. No sabía cómo, pero lo presentía, él no era el que jugaba con la pelota, la pelota jugaba con él y se divertía con sus tres botes, a lo mejor dos, y su deber era seguir haciendo que la pelota volviera y viniera una y otra vez… volviera y viniera… volviera y viniera…

Volviera y viniera… el juego le recordó a un muñeco que tenía en su coche colgado en el retrovisor, era … un conejo…

Un momento, ¿de dónde había salido eso? Su coche, su muñeco que viene y vuelve balanceándose en un movimiento continuo e infinito, su… canción preferida, la que escuchaba siempre en su coche cuando estaba deprimido. Su coche… todo venía de golpe, todo…Ese era su último recuerdo: su coche.

-Estoy encerrado aquí por mi coche-murmuró pausadamente- esto no es real, esto es algo inconsciente, no hay otra manera de explicarlo.

El conejo esbozó una sonrisa perfecta.

-Me encanta el juego de la pelota- dijo simplemente- deja las cosas claras.

Y la luz se apagó, como cuando él tuvo el accidente con su coche y le dejó en un coma.

Un coma encerrado en un cuarto oscuro sin luz, hasta que el conejo le ayudó con una canción y una pelota de béisbol.

Cuado despertó en el hospital, atado a un montón de cables creando un laberinto electrónico sobre su cuerpo y sujeto a una máquina que le propiciaba oxígeno, pudo ver a lo lejos, por encima de su familia que se arrojaba sobre él, el conejo que le había ayudado, esta vez sus bigotes no parecían afilados, parecían más redondeados, dispuestos a un bello ataque en cualquier momento.

De lejos, oyó “Bohemian Rhapsody”.

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GANADORES DEL CONCURSO LITERARIO

Posted by Departamento de Lengua Ies Pedro de Luna en mayo 13, 2011

ENTREGA DE LOS PREMIOS LITERARIOS Y DE FOTOGRAFÍA

En un acto organizado por la AMPA del instituto se ha hecho entrega de los premios a los ganadores  del VI CONCURSO LITERARIO así como a los   del CONCURSO de FOTOGRAFÍA 2011. El acto se inició con una actuación del grupo “Los Mancusos” y acabó con un aperitivo ofrecido por la Asociación de Padres.

Premios del Concurso Literario

POESÍA:

Primer premio: Pablo Ereza de 1º de Bachillerato por “Entre polvo y ceniza

RELATO:

Primera Categoría

Primer Premio: Abel Encarnación Villarroya  de 3º de ESO  por “¿Por qué?”

Segundo Premio: Isabel Hebrero Ara de 2º de ESO por “ Mi primo David”

Segunda Categoría

Primer Premio: Álvaro Abad  de 1º de Bachillerato por “Hombre prisionero”

Segundo Premio: Elena Lozano de 1º de Bachillerato por “Rutinas matutinas

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Pedir disculpas

Posted by Departamento de Lengua Ies Pedro de Luna en mayo 4, 2011

TEXTO

“Tanto en el colegio como en mi casa fui educado…..”

TEMA

Pérdida del hábito de pedir disculpas en la sociedad actual

Crítica de la incapacidad de pedir disculpas en la sociedad actual

RESUMEN

El autor del texto ha aprendido desde niño a disculparse y, en cambio, hoy en día nadie pide disculpas por sus errores, ni los políticos ni las personas normales. Antes, los caballeros se batían en duelo si no se pedían disculpas y, aunque ello era un disparate también lo es para el autor el que ahora en la sociedad actual  nadie reconozca sus errores.

CARACTERIZACIÓN

El texto propuesto para el comentario es un texto del que no conocemos el autor ni el canal en el que se ha publicado pero por su contenido, tema y forma de elocución parece un texto publicado en algún periódico o revista y dirigido a un destinatario amplio, heterogéneo, no especializado pero interesado por los temas de actualidad.

Según la intención del emisor estamos ante un texto argumentativo en el que el autor trata un tema de actualidad: la pérdida en la sociedad actual española de la costumbre antiguamente vigente de pedir disculpas por los errores cometidos. Según la secuencia básica o modo del discurso, el autor del texto utiliza la forma de la argumentación. Según el ámbito social parece un texto periodístico cuyo género podría ser, por el tono, un artículo de opinión. .

Si nos fijamos en la estructura del texto, podemos hablar de una estructura circular.

Empieza el texto con una introducción en la que se expone el tema y  se plantea la TESIS: “ Hoy nadie pide disculpas nunca “. En los párrafos siguientes va mostrando los ARGUMENTOS (Ejemplos)

AHORA: Los políticos. Las “personas normales”

ANTES: Los caballeros…

Ejemplo del propio autor

Acaba el texto con la conclusión y la referencia  nuevamente a la TESIS :”Y descubro que lo que jamás perdono no es….”

La coherencia y cohesión  textual la consigue el autor,  como muestra su estructura, a través de determinados mecanismos de cohesión  tanto lógicos como lingüísticos: la idea temática que se va desarrollando desde el primer párrafo, la progresión temática, uso de sinónimos, repeticiones. Dos campos semánticos se repiten principalmente: Pedir disculpas, (disculparme, disculpas, pedir perdón,).) y errores.(.error, destemplanza, falsedad,ofensa, ofensor, agravios…).Son también importantes los marcadores del discurso que van interrelacionando ideas y párrafos. Principalmente la oposición o antítesis que se establece en el texto entre pasado y presente mediante los adverbios de tiempo : HOY en cambio/ ANTES

De acuerdo con el tipo de texto y la forma de elocución, las funciones del lenguaje presentes en el texto son la FUNCIÓN EMOTIVA que utiliza el autor para expresar su punto de vista sobre el tema y marcar la subjetividad del texto :

-Oraciones enunciativas :”Hoy, casi nadie pide disculpas nunca”.”Ningún político reconoce un error”.”Lo mismo va ocurriendo entre las personas normales” etc

-Formas verbales en presente de indicativo para hablar de lo que ocurre actualmente: “nadie pide disculpas nunca”, Ningún político reconoce,sigue sin incomodarme pedir perdón,veo a mi alrededor….etc

Formas verbales en pasado como forma de oposición al presente: “fui educado en la posibilidad de disculparme.””los caballeros se batían en duelo”.”Era un disparate…”

Adverbios de tiempo: Hoy/ Antes

Adjetivación : “humillación terrible en nuestro ridículo mundo de soberbios y narcisistas”,”frívola aspiración”

En todo el texto destacamos la presencia de un registro estándar con  rasgos cultos: (poner ejemplos):

– estructura sintáctica

– vocabulario

Y algún coloquialismo: “escurrir el bulto”

En cuanto a otros rasgos lingüísticos podemos señalar el uso de …..

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EL ÁRBITRO

Posted by Departamento de Lengua Ies Pedro de Luna en abril 8, 2011

COMENTARIO  DE TEXTO

EL ÁRBITRO, Manuel Vicent

1.TEMA

El uso del MÓVIL como expresión de éxito o fracaso en la vida

2.RESUMEN

La actitud física que se adopta ante el móvil indica si las personas están dando órdenes o las están recibiendo y la relación entre jefes y subordinados. La reacciones ante su sonido denotan la jerarquía entre las personas y su uso es expresión de éxito o fracaso en la vida.

3.CARACTERIZACIÓN

El texto propuesto para el comentario es un texto escrito por Manuel Vicent, periodista, escritor y columnista del diario El País periódico donde ha sido publicado. Es, por tanto, un texto no especializado cuyos destinatarios son los lectores de ese periódico.

El tema del artículo es un tema de actualidad y tiene interés para los lectores porque cualquiera puede verse reflejado en él. El tratamiento es original desde el principio con un título sugerente “El árbitro” que al final sabemos que es una metáfora del móvil.

Según la intención comunicativa del autor, podemos decir que se trata de un texto argumentativo, persuasivo; según el ámbito de uso es un texto periodístico del género de opinión. Pertenece al subgénero del artículo de opinión o columna y en él predomina la secuencia argumentativa y el tono subjetivo. Tiene también ciertos rasgos literarios. Decimos que es un texto argumentativo porque a través de él se nos pretende convencer de una idea principal o TESIS: El teléfono móvil es expresión de éxito o de fracaso en la vida. Para ello utiliza diversos argumentos que van apoyando esta tesis.

Si nos fijamos en su estructura podemos advertir tres partes:

a)   Introducción (hasta la línea 11): introduce el tema: El telefono móvil y adelanta ya parte de la tesis: “la actitud física que adopta una persona ante ese aparato”.

b)   Desarrollo: Cuerpo central del artículo donde va exponiendo sus argumentos. La mayor parte son argumentos de ejemplificación.Hay también uno de autoridad : “Según Josep Pla…”

c)   Conclusión: (Último párrafo) Vuelve a mostrar la TESIS con claridad: “La actitud física que se adopta ante el móvil es una expresión de éxito o fracaso en la vida”.

Según este esquema podríamos hablar de un tipo de estructura circular: TESIS-ARGUMENTOS-TESIS.

La cohesión del texto se obtiene por medio de mecanismos lógicos, el tema y su progresión temática y mecanismos lingüísticos, repetición léxica (hasta ocho veces: teléfono móvil, del móvil,…) y uso de sinónimos:móvil,aparato,instrumento…También son importantes algunos marcadores textuales: (el primer caso…,A partir de ahora, pero este no es el caso..)

La función lingüística predominante, de acuerdo con el tipo de texto argumentativo es la función emotiva o expresiva que es también la utilizada para expresar la subjetividad del emisor sobre el tema así como su punto de vista sobre la realidad. Esta función se manifiesta en el uso de frases enunciativas con las que el autor va expresando su opinión sobre el tema:

“El teléfono móvil es un invento muy cruel…..

“Los pobres se pasan la vida escuchando…..etc

Cuando el emisor desea implicar al receptor aparece la presencia de la función apelativa: “fíjese en ese detalle”

En cuanto a otros rasgos lingüísticos del texto, podemos decir que está escrito en un nivel estándar con algunos rasgos literarios y presencia de algunos coloquialismos: “la musiquilla del móvil”,”comienza a escarbar”,”el hombre se palpa”, “a toda clase de pelmazos”.

Predominan las forma verbales de presente con valor gnómico, universal para dar verosimilitud y algunas perífrasis modales de posibilidad ,(”el jefe puede dar órdenes”),de obligación (“El subalterno deberá estar listo…”) y otras aspectuales durativas(siguen estando,está ganando).

Hay que destacar también la presencia en el texto de adjetivos calificativos explicativos con función valorativa que expresan igualmente la subjetividad del emisor: instrumento decisivo,invento muy cruel,muy nerviosa,aparente rebeldía,cantidad ingente..etc.

Los rasgos literarios se manifiestan en la gran cantidad de antítesis (pobres/ricos, mandar/obedecer, jefe/subalterno, éxito/fracaso,las enumeraciones y paralelismos (“atados a su esposa o a su marido,a sus padres o a sus hijos,a sus jefes,a sus acreedores y a toda clase de pelmazos”) y la metáfora principal “el aparato es el árbitro”.

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GARCÍA LORCA

Posted by Departamento de Lengua Ies Pedro de Luna en marzo 4, 2011

F.GARCÍA LORCA (1898-1936)

 

GARCÍA LORCA

I.BIOGRAFÍA

II.OBRA POÉTICA

III.TEATRO

IV.ANTOLOGÍA POÉTICA

 

http://www.las9musas.net/sigloveinte1/g27/5Fgarcialorca/apolorca.html

 

 

GARCÍA LORCA- SELECCiÓN DE POEMAS


 

Canción del Jinete

Córdoba

Lejana y sola.

Jaca negra, luna grande,

y aceitunas en mi alforja.

Aunque sepa los caminos

yo nunca llegaré a Córdoba.

Por el llano, por el viento,

jaca negra, luna roja.

La muerte me está mirando

desde las torres de Córdoba.

¡Ay qué camino tan largo!

¡Ay mi jaca valerosa!

¡Ay que la muerte me espera,

antes de llegar a Córdoba!

Córdoba.

Lejana y sola

 

CANCIÓN DEL JINETE

En la luna negra
de los bandoleros,
cantan las espuelas

Caballito negro.
¿Dónde llevas tu jinete muerto?

…Las duras espuelas
del bandido inmóvil
que perdió las riendas.

Caballito frío.
¡Qué perfume de flor de cuchillo!

En la luna negra
sangraba el costado
de Sierra Morena.

Caballito negro.
¿Dónde llevas tu jinete muerto?

La noche espolea
sus negros ijares
clavándose estrellas.

Caballito frio.
¡Qué perfume de flor de cuchillo!

En la luna negra,
¡un grito! y el cuerno
largo de la hoguera. Caballito negro.
¿Dónde llevas tu jinete muerto?

De Canciones


ROMANCE DE LA LUNA LUNA

 

1  La luna vino a la fragua

con su polisón de nardos.

El niño la mira, mira.

El niño la está mirando.

5  En el aire conmovido

mueve la luna sus brazos

y enseña, lúbrica y pura,

sus senos de duro estaño.

– Huye luna, luna, luna.

10  Si vinieran los gitanos,

harían con tu corazón

collares y anillos blancos.

– Niño, déjame que baile.

Cuando vengan los gitanos,

15 te encontrarán sobre el yunque

con los ojillos cerrados.

– Huye luna, luna, luna,

que ya siento sus caballos.

– Niño déjame, no pises

20  mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba

tocando el tambor del llano.

Dentro de la fragua el niño

tiene los ojos cerrados.

25  Por el olivar venían,

bronce y sueño, los gitanos.

Las cabezas levantadas

y los ojos entornados.

Cómo canta la zumaya,

30  ¡ay, cómo canta en el árbol!

Por el cielo va la luna

con un niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,

dando gritos, los gitanos.

35   El aire la vela, vela.

El aire la está velando.

 

Polisón: Armazón que, atada a la cintura, se ponían las mujeres para que abultasen los vestidos por detrás

PRECIOSA Y EL AIRE

Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene
por un anfibio sendero
de cristales y laureles.
El silencio sin estrellas,
huyendo del sonsonete,
cae donde el mar bate y canta
su noche llena de peces.
En los picos de la sierra
los carabineros duermen
guardando las blancas torres
donde viven los ingleses.
Y los gitanos del agua
levantan por distraerse,
glorietas de caracolas
y ramas de pino verde.

*

Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene.
Al verla se ha levantado
el viento que nunca duerme.
San Cristobalón desnudo,
lleno de lenguas celestes,
mira la niña tocando
una dulce gaita ausente.

Niña, deja que levante
tu vestido para verte.
Abre en mis dedos antiguos
la rosa azul de tu vientre.

*

Preciosa tira el pandero
y corre sin detenerse.
El viento-hombrón la persigue
con una espada caliente.

Frunce su rumor el mar.
Los olivos palidecen.
Cantan las flautas de umbría
y el liso gong de la nieve.

¡Preciosa, corre, Preciosa,
que te coge el viento verde!
¡Preciosa, corre, Preciosa!
¡Míralo por dónde viene!
Sátiro de estrellas bajas
con sus lenguas relucientes.

*

Preciosa, llena de miedo,
entra en la casa que tiene,
más arriba de los pinos,
el cónsul de los ingleses.

Asustados por los gritos
tres carabineros vienen,
sus negras capas ceñidas
y los gorros en las sienes.

El inglés da a la gitana
un vaso de tibia leche,
y una copa de ginebra
que Preciosa no se bebe.

Y mientras cuenta, llorando,
su aventura a aquella gente,
en las tejas de pizarra
el viento, furioso, muerde.

 

ROMANCE SONÁMBULO

 

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas le están mirando
y ella no puede mirarlas.

*

Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde…?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.

*

Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los montes de Cabra.
Si yo pudiera, mocito,
ese trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Compadre, quiero morir
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
dejadme subir, dejadme,
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.

*

Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal,
herían la madrugada.

*

Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento, dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está mi niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!

*

Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche su puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos,
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.

 

ROMANCE DE LA PENA NEGRA

Las piquetas de los gallos
cavan buscando la aurora,
cuando por el monte oscuro
baja Soledad Montoya.
Cobre amarillo, su carne,
huele a caballo y a sombra.
Yunques ahumados sus pechos,
gimen canciones redondas.
Soledad, ¿por quién preguntas
sin compaña y a estas horas?
Pregunte por quien pregunte,
dime: ¿a ti qué se te importa?
Vengo a buscar lo que busco,
mi alegría y mi persona.
Soledad de mis pesares,
caballo que se desboca,
al fin encuentra la mar
y se lo tragan las olas.

No me recuerdes el mar,
que la pena negra, brota

en las tierras de aceituna
bajo el rumor de las hojas.
¡Soledad, qué pena tienes!
¡Qué pena tan lastimosa!

Lloras zumo de limón
agrio de espera y de boca.
¡Qué pena tan grande! Corro
mi casa como una loca,
mis dos trenzas por el suelo,
de la cocina a la alcoba.
¡Qué pena! Me estoy poniendo
de azabache carne y ropa.
¡Ay, mis camisas de hilo!
¡Ay, mis muslos de amapola!
Soledad: lava tu cuerpo
con agua de las alondras,
y deja tu corazón
en paz, Soledad Montoya.

*

Por abajo canta el río:
volante de cielo y hojas.
Con flores de calabaza,
la nueva luz se corona.
¡Oh pena de los gitanos!
Pena limpia y siempre sola.
¡Oh pena de cauce oculto
y madrugada remota!

De Romancero gitano

 

Sorpresa

Muerto se quedó en la calle
con un puñal en el pecho.
No lo conocía nadie.
! Cómo temblaba el farol !
Madre.
! Cómo temblaba el farolito
de la calle !
Era madrugada. Nadie
pudo asomarse a sus ojos
abierto al duro aire.
Que muerto se quedó en la calle
que con un puñal en el pecho

(Poema del cante jondo )

 

Guitarra
Empieza el llanto
de la guitarra.
Se rompen las copas
de la madrugada.
Empieza el llanto
de la guitarra.
Es inútil callarla.
Es imposible
callarla.
Llora monótona
como llora el agua,
como llora el viento
sobre la nevada
Es imposible
callarla,
Llora por cosas
lejanas.
Arena del Sur caliente
que pide camelias blancas.
Llora flecha sin blanco,
la tarde sin mañana,
y el primer pájaro muerto
sobre la rama
¡Oh guitarra!
Corazón malherido
por cinco espadas.

(Poema del cante jondo )

Puñal

El puñal
entra en el corazón,
como la reja del arado
en el yermo.

No.
No me lo claves.
No.

El puñal,
como un rayo de sol,
incendia las terribles
hondonadas.

No.
No me lo claves.
No.

(Poema del cante jondo )

Baladilla de los tres ríos


(A Salvador Quintero)

El río Guadalquivir
va entre naranjos y olivos
Los dos ríos de Granada
bajan de la nieve al trigo.

¡Ay, amor,
que se fue y no vino!

El río Guadalquivir
tiene las barbas granates.
Los dos ríos de Granada
uno llanto y otro sangre.

¡Ay, amor,
que se fue por el aire!

Para los barcos de vela,
Sevilla tiene un camino;
por el agua de Granada
sólo reman los suspiros.

¡Ay, amor,
que se fue y no vino!

Guadalquivir, alta torre
y viento en los naranjales.
Dauro y Genil, torrecillas
muertas sobre los estanques.

¡Ay, amor,
que se fue por el aire!

¡Quién dirá que el agua lleva
un fuego fatuo de gritos!

¡Ay, amor,
que se fue y no vino!

Lleva azahar, lleva olivas,
Andalucía, a tus mares.

¡Ay, amor,
que se fue por el aire!

 

(Poema del cante jondo)

 

LA AURORA

La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean en las aguas podridas.
La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre las aristas
nardos de angustia dibujada.
La aurora llega y nadie la recibe en su boca
porque allí no hay mañana ni esperanza posible.
A veces las monedas en enjambres furiosos
taladran y devoran abandonados niños.
Los primeros que salen comprenden con sus huesos
que no habrá paraísos ni amores deshojados;
saben que van al cieno de números y leyes,
a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.
La luz es sepultada por cadenas y ruidos
en impúdico reto de ciencia sin raíces.
Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes
como recién salidas de un naufragio de sangre.

( De Poeta en Nueva York)

NEW YORK

OFICINA Y DENUNCIA

(A Fernando Vela)

 

Debajo de las multiplicaciones
hay una gota de sangre de pato.
Debajo de las divisiones
hay una gota de sangre de marinero.
Debajo de las sumas, un río de sangre tierna.
Un río que viene cantando
por los dormitorios de los arrabales,
y es plata, cemento o brisa
en el alba mentida de New York.
Existen las montañas, lo sé.
Y los anteojos para la sabiduría,
Lo sé. Pero yo no he venido a ver el cielo.
Yo he venido para ver la turbia sangre,
la sangre que lleva las máquinas a las cataratas
y el espíritu a la lengua de la cobra.
Todos los días se matan en New York
cuatro millones de patos,
cinco millones de cerdos,
dos mil palomas para el gusto de los agonizantes,
un millón de vacas,
un millón de corderos
y dos millones de gallos
que dejan los cielos hechos añicos.
Más vale sollozar afilando la navaja
o asesinar a los perros
en las alucinantes cacerías
que resistir en la madrugada
los interminables trenes de leche,
los interminables trenes de sangre,
y los trenes de rosas maniatadas
por los comerciantes de perfumes.
Los patos y las palomas
y los cerdos y los corderos
ponen sus gotas de sangre
debajo de las multiplicaciones;
y los terribles alaridos de las vacas estrujadas
llenan de dolor el valle
donde el Hudson se emborracha con aceite.
Yo denuncio a toda la gente
que ignora la otra mitad,
la mitad irredimible
que levanta sus montes de cemento
donde laten los corazones
de los animalitos que se olvidan
y donde caeremos todos
en la última fiesta de los taladros.
Os escupo en la cara.
La otra mitad me escucha
devorando, orinando, volando en su pureza
como los niños en las porterías
que llevan frágiles palitos
a los huecos donde se oxidan
las antenas de los insectos.
No es el infierno, es la calle.
No es la muerte, es la tienda de frutas.
Hay un mundo de ríos quebrados
y distancias inasibles
en la patita de ese gato
quebrada por el automóvil,
y yo oigo el canto de la lombriz
en el corazón de muchas niñas.
Óxido, fermento, tierra estremecida.
Tierra tú mismo que nadas
por los números de la oficina.
¿Qué voy a hacer?, ¿ordenar los paisajes?
¿Ordenar los amores que luego son fotografías,
que luego son pedazos de madera
y bocanadas de sangre?
San Ignacio de Loyola
asesinó un pequeño conejo
y todavía sus labios gimen
por las torres de las iglesias.
No, no, no, no; yo denuncio.
Yo denuncio la conjura
de estas desiertas oficinas
que no radian las agonías,
que borran los programas de la selva,
y me ofrezco a ser comido
por las vacas estrujadas
cuando sus gritos llenan el valle
donde el Hudson se emborracha con aceite.


( De Poeta en Nueva York)

 

LA COGIDA Y LA MUERTE

A las cinco de la tarde.

Eran las cinco en punto de la tarde.

Un niño trajo la blanca sábana

a las cinco de la tarde.

Una espuerta de cal ya prevenida

a las cinco de la tarde.

Lo demás era muerte y sólo muerte

a las cinco de la tarde.

El viento se llevó los algodones

a las cinco de la tarde.

Y el óxido sembró cristal y níquel

a las cinco de la tarde.

Ya luchan la paloma y el leopardo

a las cinco de la tarde.

Y un muslo con un asta desolada

a las cinco de la tarde.

Comenzaron los sones del bordón

a las cinco de la tarde.

Las campanas de arsénico y el humo

a las cinco de la tarde.

En las esquinas grupos de silencio

a las cinco de la tarde.

¡Y el toro solo corazón arriba!

a las cinco de la carde.

Cuando el sudor de nieve fue llegando

a las cinco de la tarde,

cuando la plaza se cubrió de yodo

a las cinco de la carde,

la muerte puso huevos en la herida

a las cinco de la carde.

A las cinco de la tarde.

A las cinco en punto de la tarde.

Un ataúd con ruedas es la cama

a las cinco de la tarde.

Huesos y flautas suenan en su oído

a las cinco de la tarde.

El toro ya mugía por su frente

a las cinco de la tarde.

El cuarto se irisaba de agonía

a las cinco de la tarde.

A lo lejos ya viene la gangrena

a las cinco de la carde.

Trompa de lirio por las verdes ingles

a las cinco de la tarde.

Las heridas quemaban como soles

a las cinco de la tarde,

y el gentío rompía las ventanas

a las cinco de la tarde.

A las cinco de la tarde.

¡Ay qué terribles cinco de la tarde!

¡Eran las cinco en todos los relojes!

¡Eran las cinco en sombra de la tarde!

(De Llanto por Ignacio Sánchez Mejías.)

El poeta pide a su amor que le escriba

Amor de mis entrañas, viva muerte,
en vano espero tu palabra escrita
y pienso, con la flor que se marchita,
que si vivo sin mí quiero perderte.

El aire es inmortal. La piedra inerte
ni conoce la sombra ni la evita.
Corazón interior no necesita
la miel helada que la luna vierte.

Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,
tigre y paloma, sobre tu cintura
en duelo de mordiscos y azucenas.

Llena, pues, de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre oscura.


EL POETA HABLA POR TELÉFONO CON EL AMOR
 
Tu voz regó la duna de mi pecho 
en la dulce cabina de madera. 
Por el sur de mis pies fue primavera 
y al norte de mi frente flor de helecho.
Pino de luz por el espacio estrecho 
cantó sin alborada y sementera 
y mi llanto prendió por vez primera 
coronas de esperanza por el techo.
Dulce y lejana voz por mí vertida. 
Dulce y lejana voz por mí gustada. 
Lejana y dulce voz amortecida.
Lejana como oscura corza herida. 
Dulce como un sollozo en la nevada. 
¡Lejana y dulce en tuétano metida!

 

 

 

 

AY VOZ SECRETA DEL AMOR OSCURO
 
¡Ay voz secreta del amor oscuro!
¡ay balido sin lanas! ¡ay herida!
¡ay aguja de hiel, camelia hundida! 
¡ay corriente sin mar, ciudad sin muro!
¡Ay noche inmensa de perfil seguro, 
montaña celestial de angustia erguida! 
¡ay perro en corazón, voz perseguida! 
¡silencio sin confín, lirio maduro!
Huye de mí, caliente voz de hielo,
no me quieras perder en la maleza 
donde sin fruto gimen carne y cielo.
Deja el duro marfil de mi cabeza,
apiádate de mí, ¡rompe mi duelo!
¡que soy amor, que soy naturaleza!
 
                        (De Sonetos del amor oscuro)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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