DEPARTAMENTO DE LENGUA – IES PEDRO DE LUNA

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TODO EMPEZÓ CON UN SUEÑO

Posted by Departamento de Lengua Ies Pedro de Luna en febrero 13, 2009

 

 

 

 

 

 ( Relato de Estela Valer Sanz 1º de Bachillerato )

 

Miedo de volver a dormir. Tengo miedo. ¿Qué será lo próximo que mi subconsciente me desvele? ¿Que deseos ocultos pueden revelarse? ¿Qué fantasías? ¿Qué pesadillas? No siempre me he sentido así, no siempre he tenido miedo de dormir. Todo empezó con un sueño, siendo yo la protagonista. Estaba con mi amigo Félix tomando un café. No recuerdo muy bien el lugar, solo sé que era lo que menos me importaba en ese preciso instante. Hablábamos de nimiedades, cosas irrelevantes, cosas que ya sabíamos el uno del otro. Pero lo único que ambos queríamos era alargar ese instante. Nunca me había interesado por él. Era como un hermano, pero en ese momento algo cambió ¿Atracción? ¿Amor? Quién sabe. Terminamos y salimos a la calle. Era invierno, nevaba y nos apretujábamos el uno contra el otro para no perder el preciado calor que habíamos conseguido en la cafetería. La Navidad tenía ese inconveniente, el frío glaciar. No había prisa así que subimos a su casa a ver una película. Nunca había subido ahí. Siempre habíamos estado en mi casa. En su habitación había una cama que invitaba a meterse dentro. Parecía confortable y cálida. Puso en el lector de DVDs la película. Se tumbó en un lado de la cama y me invitó a que hiciera lo mismo en el espacio que quedaba libre. Me tumbé a su lado. Me quedé dormida. Soñé. Si, soñé dentro de un sueño. Nunca había soñado algo dentro de un sueño. Era como una de esas muñecas rusas, uno dentro del otro. El sueño era extraño. Parecía una pesadilla. Félix me despertó en cuanto vio las muecas de terror que ponía. En cuanto me desperté me abracé a él como si hiciera siglos que no lo viese. Como si hubiese estado a punto de perderle. Me miró con unos ojos con los que nunca antes me había mirado. Una mezcla entre terror y deseo. Se acercó a mí. Me rodeó los hombros con sus brazos. Le dije que tenía frío. Me acercó una manta. Me dio un dulce beso en la mejilla. Todo lo que venía de él era tierno. Dejé de tener frío. Me fijé en la guitarra que había apoyada en un rincón. La cogió. Comencé a cantar, formábamos un dúo espectacular. Me pasó la guitarra y comencé a rasgar las cuerdas. El sonido que obtuve no fue precisamente agradable. Lo de tocar no era mi punto fuerte. Se rió. Le miré mal y volví a apoyar la guitarra contra la pared. Haciendo el tonto caímos sobre el mullido colchón. Félix estaba ardiendo. Perdí el control de mi misma. Él no colaboró a que lo recuperase. El anterior beso inocente desencadenó una serie de actos que para nada lo eran. ¿Cuánto tiempo hacia que estaba deseando esto?. Nuestros cuerpos, como tantas otras cosas encajaban a la perfección. Tiritábamos de placer. Cuando desperté por la mañana Félix seguía dormido. ¿Dormido? ¡No tenía pulso!. Me desperté gritando. Era un sueño. ¿Era un sueño? Me miré las manos. Las tenía cubiertas de sangre. ¡Despierta!, me gritaba a mi misma. Pero eso ya no era un sueño. Llamaron al timbre. Me levanté en estado de shock y abrí. Cuando vi a el oficial mi primera reacción fue desmayarme, pero lo único que alcanzaba a hacer era preguntar por lo que había hecho. Por el porqué de la sangre en mis manos. La policía me detuvo. Me dio igual. Una vez en comisaría me explicaron. Félix había sido asesinado. Vino a verme un hombre de bata blanca. Me hizo una serie de preguntas y me metieron en una habitación con paredes del color del papel. ¿Lo maté? ¿Cómo iba a matarlo sí estaba durmiendo en mi apartamento?. Al principió pensé que alguien había injuriado contra mí. Una vez en el juicio vi a los testigos. No conocía a ninguno. Ninguno tenía porque tener nada en mi contra. Lo había hecho. Le había asesinado en mi sueño. ¿En mi sueño?. Me declaré culpable. Me volvieron a meter en aquella habitación blanca. Tengo miedo de dormir. Llevo 72 horas despierta. No puedo más. Los ojos se me cierran. No dejo de gritar. Cualquier cosa con tal de no volverme a dormir. Alguien entra y me da una pastilla para tranquilizarme. Los parpados me pesan demasiado. Sueño que ya no despierto. Veo a la muerte, esta me guiña el ojo. Dice que yo soy la siguiente. Le sonrío. Mis labios susurran un leve gracias. Oigo la palabra infarto a lo lejos. Gracias. Es lo único que acierto a decir antes de que el corazón me deje de latir…

 

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