Ya podéis leer la historia del mes de Octubre. No ha quedado nada mal, pese a las historias intercaladas y el desajuste en las entradas. ¡Mi más sincera enhorabuena!. Muchas gracias a los seis creadores. Espero que este mes, todos podáis aportar vuestras ideas. Entre cuatro y diez líneas. Ojo a las faltas de ortografía y a la inclusión de demasiados personajes. Recordad todos los recursos formales de la narración que hemos visto en clase y dejad a las musas haced su trabajo…
LA LOCURA DE MALTAZAR EN EL DESIERTO
¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? Es noviembre, son las doce de la mañana, veo por mi ventana una pesada niebla y huele a humedad. Las vistas no alcanzan más que a un pequeño parque en el centro de Derby. Se pueden divisar alguna que otra ardilla correteando por el suelo, aprovechando la ocasión de que los niños y adultos no están cerca, para coger algunas bellotas. Eso me recuerda cuando tan solo era un crío e iba a preescolar, siempre bajaba al parque después de ir al colegio. Por las tardes, quedaba con mis amigos y nos pasábamos la tarde jugando. Las madres nos preparaban a cada uno la merienda pero siempre nos intercambiábamos los bocatas. Yo, siempre me lo cambiaba con mi amigo James porque su madre le preparaba el bocata de nocilla y a él no le gusta pero como a mí sí, no lo cambiábamos. ¡Hay…! Cuantos recuerdos me vienen a la mente, tantos que necesitaría muchísimos días para contárselos.
Uno de los que mas me gustan de cuando íbamos todos al parque es el del día 21 de Diciembre todos estábamos muy nerviosos esperando a que llegara Navidad y poder abrir nuestros regalos. Yo ese año me porte muy bien, siempre me lo decían mis padres. Me acuerdo que quería un monopatín y una pelota de baloncesto para poder jugar con mi padre en la canasta de atrás de la casa.
Una de mis dudas era por donde entraba Papa Noel cuando estaba encendiendo la chimenea. Cuando aquel día fui a por las galletas a la cocina me fije en lo grande que era el árbol, con sus lucecitas de colores, la estrella en la cima ,…Ahora que tengo doce años, tengo la misma ilusión por estas fiestas, porque todos los años me junto con amigos el 24 de Diciembre, y lo que mas me chocaba era que cuando era pequeño siempre que volvía de cenar me encontraba los regalos en el salon y la ventana abierta, entonces sentía que la navidad es impresionante y que te esconde muchas cosas.
Pero aquel año el 25 el día de Navidad me desperté muy deprisa, ansioso por abrir los regalos cuando baje las escaleras vi el montón de regalos en los que ponía me nombre. Sin pensármelo mas empecé a abrirlos y por fin ese año tuve los regalos que quise. Después de abrir el primero me dí cuenta que mis padres se iban a enfadar si no les llamaba para seguir haciéndolo todos juntos así que fui a su cuarto y empecé hablándoles bajito y a la oreja, pero acabe gritando y dando saltos para que se levantaran. Mis padres se hacían los remolones, igual que yo los días de colegio. Cansados de oírme gritar se levantaron de mala gana. Después de tomar un café, fuimos a abrir los regalos. Mi mayor sorpresa fue al abrir el segundo regalo…¿Cómo? ¿A qué viene esto? Me habían regalado una antigua y sucia figurita de porcelana. No me entusiasmó demasiado, pero, ¿qué les podía decir a mis padres? Les mostré una gran sonrisa que no hacía más que ocultar mi inevitable cara de desagrado.
Después de aquella no tan buena sorpresa me fui a mi habitación con los dos regalos. El primero lo coloqué en mi mesita de noche, en cambio el segundo lo dejé en una vieja estantería llena de polvo, a modo de tope para los libros. No sabía qué hacer, estaba aburrido, me senté en mi silla y eché un vistazo por la habitación. En ese momento me di cuenta de algo: un papel estaba pegado debajo de la estatuilla. Me levanté extrañado, cogí aquella hojita y la miré de arriba abajo. Era un sobre, un sobre que contenía una dorada y bien adornada llave, junto a ella había una nota que, si no recuerdo mal, decía:
Este mensaje es para los que crean en Dios. Como yo creía, seguí leyendo. en el más allá podrás encontrar el tesoro del malvado “M”. Lo llamaban así pero en realidad se llamaba Máltazar. Esto me asustó pero cuando terminé, había un mapa en el que se indicaba donde se encontraba el tesoro. Decidí ponerme a ello.
De repente el teléfono sonó, era una voz desconocida:
- ¿Quién es?
- Soy tu ayudante para la misión 007458321. La del tesoro de Máltazar ¿Aceptas?
Yo no estaba seguro pero…
- ¡Acepto! Dije decidido.
Cogí un avión sin que mis padres se enterasen y me fui al desierto del Sahara. Una vez allí me recogió un hombre alto, fuerte y de color. Me dijo que la misión consistía en encontrar un tesoro escondido en algún lugar en veinte kilómetros a la redonda que se encontraba enterrado a diez metros bajo el suelo. En esos veinte kilómetros, emanaban las miasmas más desagradables, había un oasis y el resto era arena. Siempre hacía bastante viento y mucho sol. Me dio una pala y me dijo:
- Voy a estar siempre contigo pero no te voy a ayudar.
No sabía por dónde empezar. Así que decidido cogí una pala y empecé a cavar bajo mis pies. Cuando había cavado un metro me cogió del brazo y me dijo:
- Te estaba poniendo a prueba, he visto que tienes la energía suficiente. Toma, es un reloj que se usa para llamar a una máquina, ya verás, prueba…
Yo no paraba de mirar el reloj, le di cuerda, oí su rítmico tic-tac durante horas pero nada sucedía. El apestoso hedor me producían dolor de cabeza y el sol estaba en todo lo alto. Desee estar en mi casa en el centro de Derby, saborear el bocadillo de nocilla de James, oler la humedad… Ahora entenderán Uds. el porqué de mi nerviosismo. Son las doce y cinco de la mañana y hace demasiado calor para seguir vivo.
Los escritores de este mes han sido Marta, Lizer, Teresa, Alvaro, José Luis, Giovanna, Rodrigo, José Luis, Paula